lunes, 9 de noviembre de 2009

La senda del viento



Caminando por el bosque,
a solas, mirándonos, enamorados,
recogiendo moras y fresas silvestres,
a penas terminaban ya las horas.

Parecía una princesa encantada,
una bella despierta, esperando,
¿que?, ¿a su príncipe azul?,
lo siento mi amor esto no es un cuento
es la realidad, es la senda del viento.

Así le llamábamos en el pueblo,
la senda del viento y los enamorados.


Mil corazones robados en su vereda,
mil besos aullaban con la furia de Eolo.

Historias a cientos, a miles,
se escondían entre aquellos vericuetos,
entre sus árboles centenarios,
entre su follaje, como mullido lecho.

Las luciérnagas fueron testigos mudos
del amor y la pasión de amantes empedernidos,
el bosque y sus oscuridades ciegas
de lamentos y susurros,
de promesas y desencantamientos mútuos.

¡Ay! si estos parajes hablaran,
que de poetas tomarían prestadas
sus historias de amor y desconsuelo,
de suspiros y tristezas.

Pero tu y yo nos queremos de veras,
a la lumbre de fuegos fátuos,
con las estrellas y galaxias por testigos,
con el misterio de la oscura senda,
ojos y oídos de nuestras promesas
de amor eterno.

Sin lucha ni contienda,
sin quiebra en la vereda,
solo el amor será nuestro amigo,
solo el viento de la senda.........
como único testigo.

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